Sin el transporte difícilmente podríamos concebir la vida moderna. Se trata de una actividad productiva con una estructura bastante compleja y una importancia vital para la economía a escala local, nacional y mundial, pues influye decisivamente en factores de relevancia económica como el empleo, la utilización de materias primas y bienes manufacturados, la inversión de capital público y privado en camiones, buques y otros medios de transporte y la generación de ingresos fiscales a través de los impuestos sobre los carburantes, fletes, etc.

El sector del transporte ha experimentado una continua evolución a medida que se han ido superando barreras geográficas y se ha mejorado la técnica.

Así, a principios del siglo XX, el desarrollo del motor de combustión interna, combinado con la generalización del uso de los vehículos motorizados, extendió el transporte por carretera como sistema de desplazamiento. Con el perfeccionamiento de las vías de circulación, el transporte de mercancías por carretera permitió realizar la entrega de éstas a domicilio. Esta flexibilidad es superior a la que podrían ofrecer otros medios de transporte, como el ferrocarril o las vías fluviales, por lo que el transporte por carretera es uno de los más utilizados para el trasiego de mercancías y pasajeros.

Los trabajadores del sector deben poseer una cualificación y una competencia elevada, pues los avances de la tecnología son constantes y exigen un continuo esfuerzo de adaptación. Entre sus tareas, aparte de la conducción de vehículos, y transporte de mercancías, destacan las de mantenimiento, reparación y limpieza del vehículo, y las de organización de la carga y descarga.

Ellos son los responsables del transporte hasta la llegada del mismo a destino (incluidos la seguridad, el orden, los documentos de expedición, el libro de ruta, los riesgos que entrañan las mercancías para las personas y el medio ambiente, el cobro de billetes a viajeros, etc.).